
¿Seré más emocional que racional? Tratándose de profesores, creo que se amplifica el motivo. El aula está permanentemente inundada de relaciones intensas y extensas, cargadas de emociones, de las que no nos podemos sustraer: en cualquier momento hay una sonrisa, siete miradas despectivas, diez gestos de rechazo, dos muestras de aceptación…
***
Los socioemocional tiene una atención mínima y marginal, y su entrenamiento se limita habitualmente al mundo de los aprendizajes implícitos. Es así que no parece extraño que se rebusquen soluciones académicas a problemas cuyas causas son fundamentalmente socioemocionales: el respeto, la responsabilidad, las actitudes pro-sociales, el esfuerzo o la fuerza de voluntad están presentes en cualquier momento del proceso de enseñanza-aprendizaje.
***
Decisiones aparentemente racionales no suelen ser “neutras” emocionalmente porque están cargadas de afectividad: nuestras emociones presentes y los rescoldos de emociones pasadas contaminan nuestros pensamientos y acciones, tanto cuando interactuamos con los demás como con nosotros mismos.
***
Hoy como nunca la escuela recibe desvalidos emocionales (ricos o pobres económicamente) con déficits notables de autoestima (no creen ni confían en su propia capacidad), con percepción de sí mismos que los puede transformar lentamente en niños con humores depresivos o que adoptan una actitud desafiante como defensa ante una vivencia de que no son nadie ni nada para el otro.
***
La desgracia nunca es algo puro. Tampoco la felicidad. Pero apenas la convertimos en relato, damos un sentido al sufrimiento y comprendemos, mucho tiempo después, cómo pudimos transformar una desgracia en maravilla, ya que todo hombre herido se ve forzado a la metamorfosis.
